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TRIBUNA

Mensaje de Navidad

martes 29 de diciembre de 2015, 19:57h

Todos los años, el día de Nochebuena, el Jefe del Estado felicita las fiestas desde la televisión. El Rey de una monarquía parlamentaria debe someter prácticamente todas sus actuaciones públicas al refrendo del poder ejecutivo. De forma extraordinaria la alocución de Navidad se redacta en Zarzuela y pasa por la Moncloa para su corrección, cuando lo normal es que los discursos y actuaciones del Rey sean preparados por el poder ejecutivo.

El “Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey” permite a los analistas políticos desvelar cuales son las inquietudes del monarca y los mensajes que quiere hacer llegar a los ciudadanos. No solo se estudian las palabras -15 veces citó España, 10 a los españoles y 9 a la Historia- también los gestos, las inflexiones… incluso la puesta en escena, esta vez en el Palacio Real. También aquello que no se dijo, pues no habló de corrupción aunque citó “las demandas de rigor, rectitud e integridad que exigen los ciudadanos para la vida pública”. Incluso los comentaristas señalan aquello que se echaba en falta en el escenario, como algún motivo navideño. El interés por las palabras reales no procede del poder real del monarca, pues constitucionalmente reina, pero no manda. El Rey además de ser el símbolo de la unidad de España, de asumir su más alta representación, realiza una importantísima función moderadora que casi nunca sale a luz pública. Para cumplir sus funciones debe “ser informado de los asuntos de Estado”(artículo 62.g de la Constitución). Posiblemente su Majestad sea una de las personas mejor informadas de toda España, por eso es importante escuchar lo que dice y, le dejan decir.

La importancia de la presencia del monarca en televisión nos evoca un momento clave de nuestra historia, cuando el Rey Juan Carlos I por medio de la pequeña pantalla desactivó el golpe de estado del 23 F. Actualmente vivimos una situación complicada para España por el independentismo catalán, la aún no consolidada recuperación económica y la fragmentación política en el Congreso de los Diputados, resultante de las recientes elecciones del 20 de diciembre. El Rey en su discurso ha apelado a la Historia de España, a la necesidad del “diálogo, la concertación y el compromiso” y, a la prioridad en la mejora de la economía.

A mi juicio, el mensaje más contundente se encuentra en las siguientes palabras: “tampoco debemos olvidar que la ruptura de la Ley, la imposición de una idea o de un proyecto de unos sobre la voluntad de los demás españoles, solo nos ha conducido en nuestra historia a la decadencia, al empobrecimiento y al aislamiento. Ese es un error de nuestro pasado que no debemos volver a cometer”. Quizás este párrafo es el que ha levantado más ampollas entre independentistas y antisistema reconvertidos. Decir las verdades, aunque sea apelando a los errores de la Historia, no es plato de buen gusto para aquellos que quieren pasar por encima de la Ley y del pluralismo político. Frente a todo ello se hace necesario un esfuerzo de imaginación, de contención y entendimiento para salir de la situación en la que nos encontramos.

La imaginación no debe ser la propia de las ocurrencias o eslóganes que se repiten en la contienda política, sino fruto de la reflexión serena y productiva. En estos momentos en España hay grupos de reflexión que tienen ya propuestas elaboradas. Entre ellos me permito citar, por participar en ella, el Aula Política del CEU San Pablo que dirige José Manuel Otero Novas, uno de los artífices de la Transición Política española. En su libro “Recuperar España” incluso se encuentran dos posibles reformas de la Constitución española. No debe tenerse miedo a hablar de una reforma de la Constitución, pero siempre teniendo presente los intereses de los españoles, no de un grupo limitado de dirigentes políticos.

La contención exige una actuación política prudente. Prudentes han sido las palabras de Felipe VI. Pero no olvidemos que prudencia no es sinónimo de pusilanimidad y que el Estado debe ser un estado de derecho.

El entendimiento exige que se anteponga el interés común de todos, al interés particular del partido político o institución y al interés particularísimo del político o dirigente. Por ejemplo, no es difícil adivinar la disparidad de intereses del principal partido de la oposición y de su líder. Intereses que tampoco coinciden con los generales. Tampoco es difícil percibir que los intereses de España, están por encima de los intereses de la Corona o los del propio Rey. Cuando no fuera así, la institución monárquica dejaría de tener sentido en nuestro país.

El Rey en cumplimiento de sus funciones constitucionales deberá de entrevistarse con los líderes de los partidos políticos con representación en el Congreso de los Diputados y proponer un candidato a la Presidencia del Gobierno. La mayoría absoluta del Partido Popular en el Senado no interfiere en esta función. Es entonces cuando se hace imprescindible que los líderes políticos se conviertan en estadistas, dejando atrás sus intereses particulares y particularísimos. La unidad se puede lograr mediante el diálogo y el entendimiento, pues está en juego no solo la estabilidad económica y todo el estado del bienestar, también ese proyecto común apasionante que se llama España.

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  • Mensaje de Navidad

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    1393 | Pontevedresa - 29/12/2015 @ 23:52:26 (GMT+1)
    Muy razonable lo que vd. demanda, que los políticos saquen un sentido de Estado del que parece que carecen de momento, y ante la situación tan delicada y preocupante que soportamos pongan sus intereses personales y de partido por detrás de los de todos los españoles. Me gustó el mensaje del Rey pero admitiendo que no se puede tocar todos los temas en tan pocos minutos, faltó una referencia, la reina de Inglaterra hizo muchas, a la festividad que celebrábamos, el nacimiento de Jesús de Nazaret, y un misterio ya que también había un árbol.

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