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TRIBUNA

Le jour de gloire est arrivé

martes 04 de abril de 2017, 20:45h

En menos de un mes tendrá lugar la cita política del año, esto es, las elecciones presidenciales francesas. Lo que suceda el 23 de abril y, en su caso, el 7 de mayo, fecha prevista para la segunda vuelta, puede marcar el destino de buena parte del mundo, por muy grandilocuente que en esta hora pueda sonar tal afirmación.

Desde un punto de vista estrictamente politológico, las elecciones galas se presentan como un espectáculo apasionante. Por vez primera un mayor número de candidatos (hasta cuatro) de lo habitual llegan con posibilidades de hacerse con la victoria final, a lo que debe añadirse que no sólo sus perfiles ideológicos, sino también personales son muy variados. En cualquier caso, subyace como punto en común de todos ellos un leit motiv: renovación, por más que muchos de ellos llevan formando parte del sistema desde hace tiempo.

Si bien es cierto que todo candidato ha llevado siempre en su tarjeta de presentación la palabra “cambio”, en la próxima elección ello es aún más patente, debido, en gran parte, a la sensación generalizada de que la arquitectura jurídica y económica diseñada hace años en el país vecino, o mejor dicho su funcionamiento, ha comenzado a mostrar evidentes signos de agotamiento. Por ello, incluso los dos grandes partidos tradicionales han presentado como front runners a dos autoproclamados regeneradores, Fillon y Hamon, ambos con criterios y mensajes nada complacientes con la actual situación. Aspectos estos que se agudizan, evidentemente, con los candidatos con posibilidades en los extremos del abanico, Le Pen y Mélenchon, “Juanes Bautistas” desde hace tiempo. Y junto a ellos, la renovación hecha carne, Macron, un candidato nacido de la partenogénesis socialista, pero con lanza y escudo del liberalismo más clásico, que se presenta como superador de los males de un sistema del que los partidos clásicos han sido en buena parte culpables. Alguien podría hablar al respecto de populismo a la francesa. Y, no en vano, a día de hoy son muchos los que auguran una segunda vuelta entre Le Pen y Macron, y el triunfo final de éste tras la última trompeta.

La campaña está poniendo de manifiesto lo que muchos saben y sólo algunos se han atrevido a decir en voz alta: que Francia hace tiempo que está sumida en una profunda crisis, que, en definitiva, es reflejo de una aún más honda que a todos nos atañe. Es una crisis económica, pero también social, es una crisis de identidad (no sabemos quiénes somos ni qué queremos ser), de valores, de referencias... Los atentados de Bataclan, de Niza, del Charlie Hebdo estarán en la mente de muchos de los que se acerquen a las urnas el próximo 23 de abril y ese es un factor que no cabe ignorar. Como tampoco que, lo admitamos o no, existe un importante número de ciudadanos (en Francia, pero también en Estados Unidos, en Gran Bretaña, en Italia…) que se consideran (con razón o no) perdedores de la globalización, sectores a los que los partidos tradicionales no han sabido dar respuesta a sus expectativas, siquiera a sus miedos.

A ello se une en el caso francés el incontestable dato de que los actores políticos no han sabido estar a la altura. Si Francia era, posiblemente (como herencia de su pasado revolucionario), el país del mundo en donde más en serio se tomaba la política, tanto por los ciudadanos como por sus propios protagonistas, desde hace años asistimos a una imparable degradación del ejercicio de la política y, por tanto, de su percepción por el electorado. Los escándalos de la última etapa de Mitterrand, los manejos imputados a Chirac en un período en el que tuvo lugar la descarnada lucha, más romanovista que borbónica, entre Villepin y Sarkozy (cuyos ecos están lejos de acallarse), el desnortamiento político acompañado de dosis de folletín del último ocupante del Elíseo… son algunos de los hitos del referido plano inclinado.

¿Está la República por encima de sus eventuales timoneles y de las circunstancias, por más amenazantes que estas nos parezcan? Confiemos en que sí, pues es mucho lo que nos jugamos. En estos tiempos donde todo parece volatilizable, donde los cimientos son puestos a prueba, la solidez de los materiales (Enciclopedia, Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, Los Miserables, Verdún, Vive la France Libre…) está llamada a imponerse. Pero para ello es necesario que arquitectos concienciados estén dispuestos a salir de casa en mitad de la noche para apuntalar la estructura…

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