elimparcial.cibeles.net
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Feliz cumpleaños Canadá

lunes 26 de junio de 2017, 21:19h

El próximo 1 de julio Canadá celebrará sus 150 años de existencia como Estado. Tanto en Ottawa como en otras ciudades del país se han programado una gran variedad de actos conmemorativos, los cuales tendrán como culmen la visita a la capital del Jefe del Estado residente a miles de kilómetros, la reina Isabel II.

Como es sabido, Canadá fue el producto de dos asentamientos colonizadores, el francés y el británico, los cuales no solo siguieron caminos separados, sino enfrentados en numerosas ocasiones. El punto culminante del antagonismo inicial se produjo al hilo del que bien puede considerarse como el primer conflicto de dimensiones planetarias, esto es, la guerra de los Siete Años (conocida como “guerra india” en Norteamérica) que tuvo en Canadá (junto con otros como la India o, claro es, la propia Europa) uno de sus principales escenarios, en la lucha entre Francia e Inglaterra por la hegemonía mundial. La derrota gala en la batalla de las Llanuras de Abraham, y la toma consiguiente de Quebec por los británicos, supuso el fin del sueño de una Francia americana y el sometimiento de los territorios al Este del Mississippi (con excepciones como La Florida) a un mismo soberano: Jorge III Hannover, rey de Inglaterra.

La posterior evolución de los territorios “canadienses” va a estar marcada por lo que ocurriese en las trece colonias del Sur. De este modo, la independencia alcanzada por éstas de manera oficial a partir de 1783 (tratado de París) tendría como una de sus consecuencias la migración masiva de súbditos británicos procedentes de las mismas a su nuevo vecino del Norte, alterando, por otra parte, el equilibrio canadiense en favor de la comunidad anglófona. De otro lado, un acontecimiento estadounidense sería el desencadenante decisivo en el propio nacimiento del Canadá moderno ahora conmemorado. Así, la Guerra de Secesión o Civil norteamericana puso de manifiesto dos aspectos que no pasaron desapercibidos millas arriba: la capacidad militar y potencia de fuego demostrada por la Federación estadounidense y, en unión con lo señalado, la afirmación de su voluntad como Nación y como potencia en el hemisferio septentrional del Nuevo Continente. La fuerza expansiva del país de Washington, engullidor de territorio a velocidades históricas vertiginosas, provoca la alarma de Quebec y Toronto, quienes, olvidando viejas rivalidades, deciden unir fuerzas para conjurar el nuevo peligro.

Fruto de ello, el 1 de julio de 1867 fue proclamada la British North America Act, documento fundacional de la nueva Nación, producto de la unión de cuatro territorios de la Corona británica: Ontario, Quebec, Nueva Escocia y Nueva Brunswick. El procedimiento empleado no dejó de ser novedoso, creando un modelo que sería reeditado con posterioridad por otras colonias inglesas, siendo una de las claves del éxito del Imperio, primero, la “britanidad” o la “comunidad de naciones”, después (contrasta con lo que sucedería en otros ámbitos coloniales, como el español). Así, la colaboración entre colonia y metrópoli presidiría el “alumbramiento”. Los delegados de cada una de las provincias canadienses aprobaron más de 70 resoluciones relativas a las cuestiones a insertar en el futuro texto constitucional. Dieciséis de esos delegados se desplazarían más tarde a Londres donde, bajo la dirección del Ministerio de Asuntos Coloniales, se redactaría un proyecto de ley (bill), presentado a los Lores en febrero de 1867, tras cuya aprobación se tramitaría exitosamente en la Cámara de los Comunes, siendo sometido a sanción real el 29 de marzo de 1867.

El nuevo sujeto de derecho público recibiría la denominación de Dominio, término de resonancias bíblicas, inspirado en el Salmo 72-8, en una fórmula novedosa que posteriormente se repetiría en Australia, Nueva Zelanda y Suráfrica. En el ámbito interno contará ya con una amplia independencia, si bien el Parlamento británico podía anular leyes aprobadas en Canadá, aspecto que no se eliminaría hasta la aprobación del Estatuto de Westminster en 1931. La plena soberanía se alcanzaría en 1982 con la llamada “patriación”, mediante la cual se suprime la necesidad de que el Parlamento británico aprobara definitivamente cualquier proyecto de reforma de la Constitución.

En los años posteriores a la fundación constitucional del país, Canadá se irá extendiendo con una mentalidad de frontera semejante a la estadounidense, siquiera acrecentada por el rigor climático, especialmente en la ruta Norte. Así, en los años que van hasta 1905 se habrán unido a las cuatro provincias fundadoras otras cinco, a las que se añadiría en 1949 Terranova y Labrador (a ello hay que sumar tres territorios, el último de ellos Nunavut en 1999, con autonomía ligeramente inferior). Ni que decir tiene que la expansión determinará definitivamente la ruptura del equilibrio entre las dos comunidades fundadoras, si bien las tensiones o reivindicaciones no se circunscribirán a dicho ámbito, pues las provincias del Oeste reclamarán una redefinición de los postulados fundacionales de cara a garantizarles un poder político acorde con su pujanza económica.

En relación con lo apuntado, cabe destacar que en Canadá, como sucede en nuestro país, la propia identidad nacional ha sido y es objeto de encendidos debates, cuestión revisitada ahora con ocasión del cumpleaños prestos a celebrar. Baste citar dos ejemplos. El sacrificio en vidas humanas que supuso su participación activa en las dos guerras mundiales tuvo en el aspecto analizado un doble efecto contradictorio. Si Vimy Ridge (batalla de la Gran Guerra ganada por la fuerza expedicionaria canadiense) puede ser considerado el Gallipoli de la Canadá anglófona, en cuanto verdadera entrada en la Historia de una Nación (como supuso la última respecto a Australia y Nueva Zelanda), en el caso quebequés la conscripción forzosa aprobada en ambos conflictos dio lugar a importantes revueltas (no exentas de violencia), contribuyendo a ahondar en el sentimiento de agravio experimentado por ambas comunidades. El otro ejemplo ilustrativo viene dado por el hecho de que la actual bandera del país no fue adoptada sino en 1965 y no sin importante polémica (en esta ocasión fue la comunidad anglófona la que se consideró perdedora). Hoy en día, a la cuestión quebequesa, habría que añadir la tensión Este-Oeste, junto con las reivindicaciones históricas de la comunidad aborigen (a ello cabría sumar la importante inmigración, especialmente asiática, que acoge).

Con todo, el desarrollo del país se ha sobrepuesto a lo que bien pueden considerarse como “dolores de crecimiento”, hasta el punto de convertirse en uno los Estados con mayor peso en el panorama mundial. Así, Canadá se halla hoy entre las principales potencias industriales del mundo, gracias a un tejido sólido y a la abundancia de materias primas, destacando al respecto sus reservas de oro negro (es el tercer país con mayores reservas de petróleo y el quinto productor mundial de barriles). De otra parte, su peso geopolítico es indudable, sobresaliendo su más que relevante papel diplomático. Canadá ha combinado sabiamente su presencia militar en los principales conflictos armados de carácter global de los siglos XX y XXI (sea por solidaridad con su vecino del Sur y con su antigua metrópoli, o por no quedar fuera de la mesa principal) junto con una más que activa labor diplomática en favor de la paz mundial, dulcificando los ímpetus más belicosos de sus tradicionales aliados.

Tal y como se indicara con anterioridad, la cuestión identitaria suele señalarse como uno de los principales problemas del país; no obstante, ha sido y es precisamente la solución dada a dicho problema uno de los rasgos identitarios de Canadá: su habilidad para armonizar la convivencia de grupos en principio muy diferentes. Si como señalara un primer Ministro del país, Mackenzie King, Canadá es un país con no suficiente historia y con demasiada geografía, el espíritu comunitario (algo que le diferencia en buena parte de su vecino del Sur y que tiene como trasunto un amplio y eficiente sistema de servicios públicos) y, por qué no decirlo, su generosidad colectiva, hacen que el balance de estos 150 años sea el de un éxito rotundo.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.