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DESDE ULTRAMAR

México: el PRI va perdiendo la contienda

jueves 01 de marzo de 2018, 20:07h

México efectuará elecciones el 1 de julio de 2018. La necesidad de redefinir un rumbo que implique cambios, correcciones y sanciones a los responsables de colocarnos en la emergencia nacional que vivimos –por el desaseo del sexenio encabezado por el PRI– genera resquemores en sus beneficiarios (ya sabe: quien vive del PRI, no quiere que pierda) pero a un tiempo la suma de hartazgos contra ese partido es creciente y consolidada, superando en número a sus defensores.

Porque no resta sino reconocerlo con absoluta objetividad: al PRI le quedó grande México y sus malos resultados lo descalifican como verdadera opción entre los electores. Sumergido en la corrupción, el PRI implica fracaso, demostrándolo.

El único riesgo de que el PRI gane radica en que los opositores no estén a la altura, no sepan identificar los problemas de México, no sepan exhibir al PRI como corresponde siendo el responsable de este desastre que padecemos y desde luego, si no vencieran las trapacerías priistas para forzar la elección, intentando el PRI perpetuarse contra la voluntad de los mexicanos. Hoy el PRI va perdiendo en las encuestas. Sí, en esas que luego fallan, pero nos esperanzan.

En esa misma tesitura, tres punteros definen la elección al momento. Andrés Manuel López Obrador por la izquierda, Ricardo Anaya por una coalición variopinta y José Antonio Meade, por el PRI y sus partidos rémoras que representan nada y nadie, buscando sí, mantener la financiación pública. Vil negocio al amparo del PRI. De ellos, Anaya es quien debe de trabajar más su candidatura para ser el ganador. Amén de que debería de repudiar medidas que ha apoyado y ser más incluyente, Anaya deberá competir contra el aparato oficial del PRI y contra doce años de campaña de López Obrador. Es quien menos segura la tiene y quien más debe de trabajar por su triunfo. Pero no se ayuda.

Yo no concuerdo con quienes dicen que los mexicanos están hartos de los partidos políticos. Tampoco con la postura priista que pide que no protestemos, sino que trabajemos por México (apela pues, a desmovilizarnos, cosa que le encantaría, amordazándonos) y por la otra, acusando a los adversarios de codiciosos, cuando el PRI lo es más. Cuando el papelón del PRI –nauseabundamente corruptoes tan mayúsculo, pues todas sus cifras son negativas en su gestión, que donde la violencia y el sobreendeudamiento externo irresponsable llevan sus siglas, sí, justo las del PRI, sin capacidad ni posibilidad de repartir culpas a otros, ni jurídicas ni políticas.

Y tampoco secundo a priistas disfrazados que te dicen que no votes a López, pero no se atreven a sugerirte que lo hagas por un no priista. Ergo, el PRI no es opción.

Usted comprenderá la desesperación priista por retener el poder, ese que las encuestas anticipan que lo perderá, porque su ambición desmedida, su obnubilada codicia por retener el erario que ordeña en su beneficio de manera magistral, y su falta de ética, su irrefrenable deseo de poder para servirse de él en detrimento de los mexicanos, solo le permiten vislumbrar retenerlo a cómo dé lugar, por la vía legal o ilegal, porque el PRI con su insaciable avaricia no aporta otra cosa que seguir ordeñando el erario público con carretadas de malversadores, sus compinches. Se sobreentiende que ataque a los opositores, mientras carece de proyecto de país, porque justamente la ambición priista impide dibujar otra cosa que no sea retroceso e impunidad para los suyos, como lo ha sido este sexenio.

Se comprende claramente que el hartazgo hacia el PRI existe por él mismo y no por ser resentidos o anarquistas, como acusan los priistas (¿les llamaremos ladrones a ellos?) y es perfectamente explicable. No puede ser de otra manera cuando nos gobierna una pandilla elogiada por Peña Nieto, el sujeto que jamás debió de ser presidente, porque solo enalteció la voracidad del PRI, repleto de prófugos de la justicia y perseguidos por Interpol por sus nexos con el crimen organizado, ese que los está acribillando como en ningún otro partido, como nunca antes, y, además, con sus desfalcos al erario mexicano. Sí amigo lector, por la suma de todo esto el PRI no es opción en 2018. Hechos, no supuestos. Y no paran las cosas allí, lamentablemente. Contar y no acabar con el PRI.

Figúrese: Peña Nieto como gobernador de provincia, del PRI, pagaba millonadas por exaltar su imagen hueca. Para vendernos en todos los medios masivos de comunicación que era un excelente gobernador, guapo, además (no sabe cómo le dieron su voto las mexicanas por guapito y no por eficaz u honrado), mientras no resolvía ningún problema acuciante de su demarcación, el Estado de México.

Esa estrategia de regalar millones a los medios para que hablen bonito de su inepta gestión, la aplicó Peña Nieto desde el gobierno nacional. Las cifras tiradas a la basura para engrandecer su gestión presidencial mediocre, inflándola con la vaciedad de un globo –la peor evaluada por los mexicanos al gobierno más corrupto que el PRI pudo formar– es de tal magnitud y desperdicio que el rechazo social ha estado presente todo su sexenio, como el hartazgo a su persona.

La cantidad gastada para intentar que se apuntale la mala imagen de Peña y su fracasado gobierno priista, es descomunal, descerebrada e insultante para un país empobrecido en gran medida por los rateros gobernadores que llevan las siglas de su partido, el PRI: 40 mil millones de pesos en cifras conservadoras. Una dilapidación para aturdir al público en los medios masivos y que se hable bien de su mediocre gestión que va fatal. Y ni con eso consiguió apuntalar al posible sucesor, Meade que no levanta ni con viagra –acusado de graves omisiones favorecedoras de la corrupción–. La gente sabe lo pésimo de la gestión priista, colocando al PRI siempre tercero en los sondeos. En un sentido técnico todo indica que el PRI está perdiendo las elecciones de 2018.

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