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ENSAYO

Argemiro Barro: El candidato y la furia

domingo 06 de mayo de 2018, 15:52h
Argemiro Barro: El candidato y la furia

La Huerta Grande. Madrid, 2017. 123 páginas. 12 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

El protagonismo de Donald Trump tiene determinadas traducciones tangibles. Una de ellas es la proliferación de libros sobre su figura, algunos de los cuales resultan una mera reproducción de sus exabruptos emitidos a través de Twitter, los cuales no siempre se han traducido en medidas políticas concretas, cabe subrayar. Frente a este tipo de obras, que no se apartan de los lugares comunes, tenemos la de Argemiro Barro, cuya lectura estimamos obligatoria por varias razones.

En primer lugar, Barro ejerce su profesión de periodista en Estados Unidos, por lo cual tiene acceso directo a todo cuanto haga, diga o escriba el actual inquilino de la Casa Blanca. En segundo lugar, porque nos propone un libro sin orientarnos a pensar de una manera determinada, esto es, no plantea su visión como una tesis irrefutable. Por el contrario, acertadamente se decanta por el análisis escrupuloso y metódico. Por tanto, será el lector quien evalúe a Trump de una manera más o menos positiva, lo que no debe interpretarse como sinónimo de una actitud condescendiente o cercana ideológicamente del autor con su objeto de estudio.

Barro sigue un orden expositivo predominantemente cronológico, dedicando las primeras páginas a acercarnos los orígenes familiares y económicos de Trump, sin cebarse en la parte sensacionalista. Aquí hallaremos una pormenorizada descripción, por ejemplo, de sus devaneos mediáticos en los años ochenta, década en la que acaparó a partes iguales portadas de la prensa y desprecios por parte de la elite neoyorquina.

En los noventa, tras una crisis empresarial que se tradujo en un menor protagonismo en los tabloides, Trump fue capaz de reinventarse. Más allá de esta capacidad de superación conviene prestar atención a algunas ideas que nos transmite el autor. Por un lado, una cierta admiración hacia el matrimonio Clinton, alejada por tanto del comportamiento manifestado en 2015 y 2016. Por otro lado, una ideología que cada vez va resultando más nítida: ve a Estados Unidos como una gran empresa de la que otros países se aprovechan y que, además, pierde fuerza en el “tablero global” debido a los acuerdos comerciales que rubrica. Dicho con otras palabras: haber defendido la “pax americana” ha provocado esa situación que va en su contra.

Ya entonces Trump se decantaba por lo que estimaba la “receta infalible”: Estados Unidos tiene que obligar al resto de naciones a pagar sus propios gastos (sobre todo aquellos relacionados con la seguridad y defensa). Asimismo, para acabar con el paro nacional, las empresas deberían contratar a trabajadores estadounidenses. Como puede deducirse, nos hallamos ante el discurso que le llevó a derrotar a Hillary Clinton en 2016.

Antes de llegar a ese episodio, el autor explica la estrategia seguida por Trump para vencer primero en las elecciones primarias del Partido Republicano, contienda en la que el favorito era Jeb Bush. Este momento resulta fundamental porque en el ambiente político y social norteamericano (y cabría decir que también en el europeo) primaba una única idea: “La elite mira el manual y no encuentra precedentes; decide que el fenómeno acabará desinflándose. Los votantes miran la televisión. Uno a uno, el bufón deja a sus dieciséis rivales de las primarias tendidos por el camino […]. La figura de Trump es incansablemente parodiada y los más excelsos analistas insisten en que el payaso neoyorquino se volatilizará en dos semanas” (págs. 25 y 49).

Paradójicamente, el rol de outsider o incluso de perdedor que le asignó la opinión pública se tradujo en una presencia mediática sin precedentes lo que le sirvió, por ejemplo, para ahorrarse abundantes costes económicos en publicidad. No obstante, la táctica de Trump para lograr esa atracción demostró ser antagónica al fair play. Al respecto, el autor enumera abundantes ejemplos: amenazar con la construcción de un muro con México pagado por los propios aztecas, cuestionar el nacimiento de Obama en Estados Unidos o identificar a los musulmanes con el terrorismo. Con este modus operandi caracterizado por la simpleza, captó a votantes pero también generó nefastas consecuencias en el país, como la proliferación de los grupos de odio (p. 79).

Finalmente, el autor explica otra faceta que resultó decisiva para la victoria final de Trump sobre Hillary Clinton: su capacidad para olfatear el malestar social y rentabilizarlo en beneficio propio. Esto también lo percibió el candidato demócrata Bernie Sanders con quien muestra algunas semejanzas que Argemiro Barro identifica con claridad: “Ambos tienen un programa sencillo y afilado que estira las costuras de la realidad […] los dos se oponen a la elite, los dos apelan a la clase trabajadora y los dos rechazan el tratado de libre comercio con el Pacífico” (págs. 93-94).

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