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POESÍA

Francisco Castaño: Sustento de otra música

domingo 06 de mayo de 2018, 15:55h
Francisco Castaño: Sustento de otra música

Hiperión. Madrid, 2017. 90 págs. 10 €.

Por Inmaculada Lergo Martín

Bajo los árboles, las luces y las sombras crean un juego de armonías y contrastes en los que la luz no sería tan evidente sin las sombras que la realzan, ni las sombras serían tan ricas en matices sin la luz que las modula. Precisamente así es el último poemario, Sustento de otra música, de Francisco Castaño (Salamanca, 1951). Los poemas, y los versos que lo conforman, sus afinadas antítesis y ponderados desequilibrios, conjugan con destreza claridad y sugerencia. Uno de esos opuestos que la voz poética de Francisco Castaño equilibra es el «yo» del autor, el cual, pese a ser claramente definible y expresado en primera persona del singular, perdería su sentido sin la otra voz, la del lector, la de cada uno de los lectores en cada momento («Ese tú que transforma / El silencio en un yo. // Ese yo que se borra / Cuando nace la voz»). Singular y plural se alternan siempre en esa primera persona que desdibuja sus límites.

Pero es la poesía y la palabra el motivo central en este libro; la vida se identifica con ella desde que despunta el día («Me espera el folio en blanco entre el hallazgo / Y la espera, la entrega y el azar»), hasta que se desvanece («Entre la luz primera y la luz última, / El día se me ofrece como esbozo / De un posible poema»), siendo amanecer y ocaso también los de su propia vida. En su recorrido, con inocencia de infancia y exilio de madurez, reconoce lo mucho que le debe («Por eso aunque lo piense / Acaso no exagero / Al decir que por ella / Continúo viviendo / Si asaeteado indemne. / Y es verdad que le debo / Si mucho porque escribo / Más aún porque leo»). Su labor como poeta se le presenta como una «labor de Penélope, la nuestra, / Que empieza, una vez más, cada mañana. / Porque en el cañamazo del poema / Aún no está dicho nada»; quizá por eso gusta, como ocurre de nuevo en Sustento de otra música, componer con una gran variedad de formas, ritmos y estrofas, consiguiendo incluso -por ejemplo- hacer fluida y actual una sextina («Fuente de una futura melodía»).

He sentido con la lectura de Sustento de otra música el goce de la belleza sin alardes, de la música bien acompasada, del poso fecundo dejado por el conocimiento de los grandes de todos los tiempos; y me sentí gratificada, por contraste con otros muchos poemarios que llegan a mis manos con pretensión de serlo, construidos a base de supuestas innovaciones como luminosos de neón, prurito de excelencia, pretensión de singularidad y desprecio de las formas poéticas y de todo lo escrito que, por qué no decirlo, no esconden sino desaliño e ignorancia. Nada de esto último tiene cabida en la poesía de Francisco Castaño, en la que las formas clásicas se desdibujan con unas asonancias tan suaves y fluidas que apenas se perciben, con un lenguaje alejado de retoricismos y con la naturalidad de su manera de decir. Naturalidad que ejerce igualmente al afrontar su oficio de poeta: «El mundo no es mejor porque yo escriba / –Tampoco porque escriba soy mejor–. / O sí. Aunque quien tiene que decirlo, / A fin de cuentas, es el tú lector. […] Si nos sucede a ti y a mí lo mismo / Cuando estamos leyendo, acaso no / –Tampoco sé si sirve de consuelo– / Carezca de sentido esta labor». Aunque no por ello renuncie al «parvo consuelo», de desear –y expresar con ironía de sabor clásico– que su labor no acabe siendo en vano: «No sé si a Horacio, Garcilaso, Góngora, / Saber les servirá de consuelo / Que, tras morir, al cabo de los siglos, / Alguien leería, como yo, sus versos. // Quiero pensar que sí, pues ciertas tardes, / Saber que me leerán después de muerto, / En verdad me consuela, pero solo / Mientras lo estoy diciendo».

Sustento de otra música es el nuevo poemario, tras Una mirada que se compromete (2015), y De mi cartera de valores (2016), de la larga trayectoria como poeta, y también como traductor, (especialmente del francés: Stéphane Mallarmé, Molière, Louise Labe, Régis Debray…) o ensayista (Retrato de Gonzalo Torrente Ballester) de Francisco Castaño. La trayectoria de un pensador que ha sabido serlo para él y para sus lectores: «Viajar a cualquier sitio no es difícil / Lo que es difícil es estarse quieto. / No pocas veces dentro de uno mismo / Está el lugar al que viajar más lejos».

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