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ENSAYO

Alma Guillermoprieto: La Habana en un espejo

domingo 06 de mayo de 2018, 16:10h
Alma Guillermoprieto: La Habana en un espejo

Literatura Random House. Barcelona, 2017. 304 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 8,99 €. La periodista mexicana, flamante Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, nos ofrece un brillante ensayo, con mucho de crónica, en el que su estancia en Cuba en 1970 como profesora de danza le permite conocer y analizar la revolución castrista. Por Ángela Pérez

“Por su larga trayectoria profesional y su profundo conocimiento de la compleja realidad de Iberoamérica, que ha transmitido con enorme coraje también en el ámbito de la comunicación anglosajona, tendiendo, de este modo, puentes en todo el continente americano. Con una escritura clara, rotunda y comprometida, Alma Guillermoprieto representa los mejores valores del periodismo en la sociedad contemporánea”. Con estas palabras, el jurado del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018 ha explicado su concesión a la escritora y periodista mexicana, actualmente afincada en Colombia. El prestigioso galardón vuelve a reconocer así -en 2003 lo recibió Ryszard Kapuściński-, también un género, el de la crónica periodística de largo alcance y exigencia literaria, que el propio Nobel de Literatura premió a través de la figura de Svetlana Alexiévich.

Un género que en Hispanoamérica, empezando por el también Nobel Gabriel García Márquez, cuenta con nombres señeros como, entre muchos otros, los de los argentinos Martín Caparrós y Leila Guerriero, los peruanos Gabriela Wiener y Julio Villanueva Chang, los chilenos Juan Pablo Meneneses y Pedro Lemebel, los colombianos José Navia y Alberto Salcedo Ramos, o el mexicano Juan Villoro. Buenas recopilaciones de muestras del género publicadas recientemente en nuestro país se encuentran en Antología de crónica latinoamericana actual (Alfaguara) y Mejor que ficción. Crónicas ejemplares (Anagrama).

Alma Guillermoprieto, nacida en Ciudad de México en 1949, y que antes del Princesa de Asturias, obtuvo otros premios como el Ortega y Gasset de Periodismo, no encaminó, sin embargo, su primera vocación al mundo de la escritura y el periodismo: “No se me hubiera ocurrido pensar que pudiera existir algo mejor en la vida que la danza”, escribe en La Habana en un espejo. En efecto, Alma Guillermoprieto, en su adolescencia y juventud se dedicó a la danza moderna, estudiando en Nueva York -ciudad a la que se trasladó con su madre- con los míticos nombres de Marta Graham y Merce Cunningham. Precisamente, este último fue quien le ofreció la posibilidad de ir a trabajar a La Habana como profesora en la Escuela Nacional de Danza.

Esta etapa juvenil de su vida, recordada y recreada mucho tiempo después desde la madurez, es la que refleja en La Habana en un espejo -último libro suyo, recuperado en España el pasado año-, que es también un análisis de la revolución castrista y su evolución, pues Guillermoprieto llega a la capital cubana en 1970, uno de los momentos más emblemáticos, marcado por el objetivo -que, finalmente, no se logró-, de conseguir la producción de diez millones de toneladas de azúcar. En el libro, Alma Guillermoprieto nos cuenta cómo con poco más de veinte años debe hacer frente a una situación nueva, llena de complejidad. Aterriza en La Habana el primero de mayo de 1970, “fiesta sagrada de la Revolución”, y lo primero que se encuentra es un calor inclemente, y que al día siguiente sufre de altísima fiebre. Es llevada al hospital, donde comprueba que el sistema sanitario es uno de los principales orgullos de la revolución, y también oye palabras y conceptos que la desconciertan: “Esta nueva manera de hablar que resonaba por todo el hospital y que el médico había empleado conmigo desde el primer momento me dejó incómoda y perpleja: Humanidad, Solidaridad, Internacionalismo, Revolución, Imperialismo, Sacrificio… Eran palabras-martillo, palabras de gran peso a las que no podía dejar de prestar atención, que convocaban a la reflexión cuidadosa, pero que también sentía como aplastantes, sin matices ni secretos”.

Porque, además del trabajo diario con sus alumnos, llenos de ilusión, a pesar de ir vestidos prácticamente con harapos como ropa de prácticas, ha de aclararse a sí misma su posible conciencia política, pues hasta ese momento, nos confiesa, ni siquiera había participado en Estados Unidos en las protestas contra la guerra de Vietnam. Y descubre que la revolución, más allá de las proclamas, no trata bien a los artistas y todo lo quiere controlar. Significativo y simbólico es a lo que hace referencia el título del libro: en el espacio donde debe dar clases de danza no ve ningún espejo, elemento esencial en la enseñanza de esta disciplina. Al preguntar la razón, la directora de la escuela le explica que para la revolución los espejos son ejemplo de vanidad y decadencia burguesa.

Tras la experiencia cubana, la existencia de Alma Gillermoprieto toma otros derroteros. Lectora voraz desde la infancia, “en realidad -apunta en La Habana en un espejo-, después de la danza el placer del lenguaje ocupaba un lugar preponderante en la lista de cosas que me importaban”. Así, comienza a colaborar con varios periódicos y revistas, entre otros, The Washington Post, The New Yorker , The New York Review of Books, imparte talleres, entre otros centros en la fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano -creada por García Márquez-, de cuyo consejo ejecutivo forma parte, o en algunas universidades, de la que es profesora visitante. Aparte de La Habana en un espejo, ha dado a la imprenta obras como El año en que no fuimos felices o Las guerras de Colombia. Ahora, la concesión del Princesa de Asturias la consolida definitivamente como maestra del fructífero cruce entre periodismo y literatura.

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