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TRIBUNA

La parejita y sus votantes

sábado 19 de mayo de 2018, 19:59h

La compra de una vivienda por la pareja Iglesias-Montero ha levantado mucho revuelo. Ya sabemos a cuánto asciende el recibo mensual de la hipoteca, cuánto es el mantenimiento de la piscina, del jardín y de las amplias dependencias que incluyen las casas para los invitados y servicio. Hay especulaciones sobre el colegio donde irán los niños de estos felices padres que son, a la la vez, líderes del partido político Podemos. ¿En qué pensarían ellos cuando hacían las gestiones con la Caja de Ingenieros, regida por los independentistas de Omnium cultural o como se llamen? ¿Esperaban que nadie se diera cuenta de esta gestión? Ahora quizá estén disgustados por las hemerotecas que citan sus viejas predicaciones sobre los currantes y la bondad de Vallecas, sobre la casta opulenta y la justa lucha de clases. Se filtran ciertas críticas, provenientes del propio partido, pero son unas voces aisladas frente a la unánime defensa de Iglesias-Montero que han caído en el viejo vicio de forrarse mientras sigue la dicha.

Algunos esperan el desplome de Podemos por el desengaño de sus votantes. Creo que la compra no da para tanto. La razón es bastante sencilla: el electorado, los votantes o, si queréis, los ciudadanos vivimos en una situación del cansancio y hastío. A nivel estatal vemos que las élites políticas utilizan el país y sus caudales para aumentar su peculio principalmente. Las tareas de pensar la nación y mantener la convivencia, administrar bien las instituciones y gestionar eficazmente la economía resultan ser cuestiones de segundo orden. Si sale bien, vale y si sale mal, ya veremos quién se come el marrón. Una vez más repetimos la historia, revivimos una farsa espantosa de trapicheo omnipresente. Más de lo mismo sucede a nivel personal y cotidiano. Los puestos de trabajo y los salarios no responden a las aspiraciones de muchos. La imposibilidad de conseguir un puesto deseado sólo por los méritos propios lleva a una gran frustración. Los incrementos salariales bien insignificantes transforman la competencia en reñida rivalidad.

Así las cosas, no ha de sorprendernos que surjan partidos como Podemos que ocultan sus íntimas aspiraciones bajo los lemas soviéticos. Muchos han retomado ese romanticismo burgués de marxismo capitalista o socialismo plutocrático que en el fondo es un absurdo insostenible en la vida real. Se multiplican los soñadores y los socialistas románticos por todas partes, algunos para defender sus millones y aumentarlos, si es posible a la sombra del "diálogo" de todos con todos, y otros para conseguirlos con una jugada maestra en política. La imagen del paraíso comunista atrae y seguirá atrayendo, porque no implica mucho trabajo, ni sacrificio. El ejemplo está en la pareja podemita: han montado una “empresa” y en unos pocos años de tejemanejes han conseguido lo que nadie podría conseguir tras diez generaciones de "currantes" normales. Pues eso, la mayoría de los votantes de Podemos son personal que no quiere trabajar sino que a través de la empresa de Pablo e Irene le den alguna mamandurria en forma de carteras, poltronas, embajadas, gobiernos, actas y enchufes… Cualquier cosa es buena, salvo trabajar honradamente defendiendo la democracia y la nación españolas.

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