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NOVELA

Rafael Reig: Para morir iguales

domingo 20 de mayo de 2018, 18:17h
Rafael Reig: Para morir iguales

Tusquets. Barcelona 2018. 353 páginas. 19 €. Libro electrónico: 11,99 €.

Por Federico Aguilar

“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla” confiesa Antonio Machado en su famoso poema “Retrato” -musicado y cantado por Joan Manuel Serrat-, incluido en Campos de Castilla. Los recuerdos de niñez de Pedrito Ochoa, protagonista y voz narradora de Para morir iguales, la última novela de Rafael Reig (Cangas de Onis, 1963), no le llevan precisamente a un lugar que se nos antoja placentero, luminoso e idílico. Por el contrario, Pedrito Ochoa pasó su infancia en un hospicio madrileño, capitaneado con mano férrea y gran disciplina por sor Águeda y otras monjas, que no permiten a los niños allí recluidos muchas alegrías. El ambiente es oscuro y en una de sus primeras experiencias el hospiciano se topa con la Parca a través de la muerte de su compañero Paco Ponzano Illescas, reflejada en la escena que abre la novela: “Otros decidieron no entrar a verle, dijeron que preferían recordarle con vida. Aunque entonces pensé que estaban asustados, ahora soy yo el que tiene miedo: lo único que sigo viendo es el espantoso cadáver de Paco Ponzano con la boca todavía medio abierta”.

En el orfanato, el pequeño Ochoa trata de escapar de ese ambiente mediante la imaginación, sobre todo trasladándose a mundos exóticos y de aventuras, en compañía de Sandokán y otros héroes novelescos, y las “visitas” que recibe de la Virgen, mientras todos los demás duermen. Una Virgen que tiene acento andaluz y que deja el rastro de un intenso perfume de lavanda. Aunque, la muerte de su compañero Paco le proporciona a Pedrito conocer a Mercedes, de la que se enamora, nos revela, “de golpe y porrazo, aunque en ese mismo instante también me dije que, si tuviera un gramo de cerebro, debería poner pies en polvorosa, tierra por medio, cordillera y océanos entre ella y yo”. Pero no lo hará así, sino que muy al contrario, la singular historia de amor entre Pedrito y Mercedes surcará las páginas de la novela.

Como la surcarán una serie de acontecimientos en la vida de un Pedro Ochoa –ya adulto-, que va repasando guiado por el afán de hacerse rico. Y, junto a su trayectoria, se nos sumerge en la de un país, el nuestro, en los estertores de los años setenta, con lo que historia personal y colectiva se entrecruzan, descubriendo Ochoa que “las dos Españas separaban a los atractivos de quienes no lo somos”.

El autor asturiano, que regenta una librería en Cercedilla, localidad de la sierra madrileña, y revolucionó con sus heterodoxos ensayos Manual de literatura para caníbales y Señales de humo -una mirada muy particular e iconoclasta de las letras españolas-, prosigue en Para morir iguales su igualmente singular indagación sobre etapas recientes de la historia española, sobre todo la Transición, momentos que ya abordó en sus anteriores narraciones Todo está perdonado –VI Premio Tusquets de Novela-, Lo que no está escrito y Un árbol caído.

Ahora lo hace bajo la tutela de José Alfredo Jiménez, celebrado por sus apasionadas rancheras y corridos, tomando de una de sus canciones el título de su novela, cuyos capítulos los encabezan citas de las melodías del cantante y compositor mexicano. Pero sin renunciar a la ironía, la causticidad y el sarcasmo, que Rafael Reig, con no poco de enfant terrible, maneja con gran soltura y nos sirve en un estilo potente.

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