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POR LIBRE

Puigdemont, adicto al 155

domingo 20 de mayo de 2018, 19:45h

No podía consentir Puigdemont que un Gobierno de la Generalidad respetara la Constitución para que Cataluña volviera a la normalidad. Se le acababa el chollo de “exiliado” y, antes que después, sería olvidado. Pero ante las presiones de ERC y hasta de sus más fieles ante el riesgo de unas nuevas elecciones, no podía mantener el bloqueo proponiendo candidatos imposibles como él mismo o los encarcelados. Y hete aquí que se acordó de un pánfilo racista dispuesto a inmolarse por la causa. Así, apareció en escena un tipejo desconocido llamado Quim Torra.

Cuando el siniestro supremacista peregrinó a Berlín, Puigdemont le dio una única orden: que provocara al Gobierno, al Tribunal Supremo y al Tribunal Constitucional para que se mantuviera en vigor el artículo 155. Solo así, mantendría el timón del secesionismo desde Berlín y solo así podría seguir con la patraña de ser el presidente legítimo de la Generalidad.

Ha tenido que esforzarse Quim Torra para cumplir la orden del jefe supremo. Ya antes de aparecer por el Parlamento catalán, declaró a TV3 que su misión no era otra que la construcción de la República independiente de Cataluña, argumento que repitió hasta la saciedad en sus discursos de investidura por si había alguna duda. Pero ni por esas. Hasta que Puigdemont le guió entre las tinieblas. Si nombrada consejeros a los encarcelados y huidos, Rajoy no tendría más remedio que vetarlos y, para ello, se vería obligado a mantener el artículo 155. Misión cumplida.

Aunque parecía imposible, ahora la confrontación se ha vuelto a disparar más si cabe. Porque al mantener Rajoy el 155, tendrá que seguir gobernando a larga distancia la Generalidad. Pero hay una diferencia: el 27 de octubre, cuando el Senado aprobó la aplicación del artículo, el Gobierno de Puigdemont fue destituido; unos huyeron y otros se esfumaron. Ahora Torra ya es formalmente presidente y su equipo ha tomado el Palacio de San Jaime; pero sigue en vigor el 155, por lo que el Gobierno catalán permanece en manos de Rajoy (o de Sáenz de Santamaría). Otro embrollo más.

Es probable que Torra urda otra añagaza para tensar más la cuerda. Nombrará unos “delegados” que sustituyan a los encarcelados o huidos para que el Gobierno sea aceptado, pero en su organigrama imaginario mantendrá a los consejeros vetados, que emitirán instrucciones a sus subordinados desde Bruselas o Estremera. Ya da igual. El siniestro supremacista se inventará cada día un conflicto para provocar al Estado. Tiene la misión de inmolarse y lo hará.

El pánfilo president sueña con su foto saliendo de la Generalidad esposado por la Guardia Civil. Así se convertiría en un mártir de la causa. Y Puigdemont frotándose las manos en Berlín. Podrá seguir con sus ruedas de Prensa para denunciar la represión del Estado franquista español. Y vuelta a empezar. De paso, si el PNV no se atiene a razones, le revienta a Rajoy la aprobación de los Presupuestos y en un año tenemos elecciones municipales, autonómicas (catalanas incluidas) y generales. El bochinche puede ser de época.

Ya andan los escuadrones del CDR preparando los cócteles molotov y apilando neumáticos para prenderlos en mitad de las calles y carreteras. Se preparan algaradas en todos los rincones de Cataluña para denunciar el veto de Rajoy al “nuevo Gobierno legítimo de la Generalidad”. Puigdemont quiere las fotos de Torra entrando en Estremera y de la Policía cargando contra los “pacíficos manifestantes” para que los jueces alemanes se apiaden de él, mientras se llena la andorga de cerveza. Está en el paraíso. Ha encontrado al tonto útil para eternizarse en su “exilio” dorado. Es Quim Torra “el breve” también conocido como “la bestia”.

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