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TRIBUNA

A mataconejos con los politólogos

domingo 20 de mayo de 2018, 20:01h

Todos sabemos que lo que no enmiendan los politiquillos asnados de esta Hispania que según el poeta Catulo es Tierra de Conejos lo remiendan, con punzadas al calcetín roto por exceso de afilamiento de la uña del dedo gordo del pie derecho, los politólogos, que, según mi trabajo de sastre herido, son los más ilustres iletrados de esta gran tontuna que es la cultura política en esta democracia representativa que lucha menos en el pórtico de los leones que en los platós de las televisiones.

Existe en la opinión pública en estas tierras andróginas de una España vestida como la tonta del bote la sensación de que esos señorones que salen por la tele a 600 euros la timba van a arreglar lo que no arreglan estas ocas rojigualdas que son los politiquillos hispánicos fechos al itálico modo, como los sonetos del marqués de Santillana. Pero nada más lejos de eso.

Me asquea y me repugna como si me removieran el viejo y ya cansado tuétano que permanece dentro de mis huesos el oír no los ladridos, que sería incluso elegante, sino los aullidos como escritos por Allan Ginsberg de estos orangutanes de la palabra que son estos politólogos que me da a mí han estudiado el Arte de la Criminología en el Colegio Cardenal Cisneros, que es donde estudian los Casados y todos los buscones llamados don Pablos.

Y es que un politólogo sólo es un señorito que, arreándose antes un ginebrón con sweeps tónica, sale al circo con osos y tías de esas como las de antes, Bárbaras Reyes, para untar de bilis las siguientes muletillas en su lustroso lenguaje de frenopática asesoría política: “insisto”, “tienes toda la razón, pero te olvidas que…”, “a ver si te enteras”, “oye, cállate, que estoy en el uso de la palabra” o ya, cuando se apasionan de iracundia, eso de: “mira, ¡por qué no te vas allá donde amargan los pepinos y me dejas en paz¡, ¡listo que eres un listo¡”.

Esta es la imagen que damos a una audiencia extranjera o extraña o lord o bella como la Bella Otero. Y lo curioso es que, con esas 600 castañas pilongas que se lleva cada politólogo de profesión “analista político” -que más que “analistas” llamémosles por favor “anos listos”- a la salida del cuartel general se van los seis jinetes del Apocalipsis a echarse unos whiskies y reírse de las gilipolleces que ellos mismos han dicho en directo para esa oreja palurda que es España entera.

Que yo les daría a mataconejos a estos remendadores de alpargatas, a estos Torrebrunos del dabadabada y su complejo de Lisístrata, pues que, como no les sale la Guerra del Peloponeso, van a los platós con el semen ahí acumulado en la epiglotis, que es donde se les atasca este drama ibérico que es la política entendida como involución gutural en donde la historiografía política ya semeja más un ritual de gayas ciencias o de una historia de la filosofía de la mente antes que la parcialidad o la objetividad o la buena educación o, si quieren ustedes, el lenguaje entendido como solución amable o acompañamiento campestre antes que como esa jerga que sale en “La lozana andaluza” del Delicado.

Nos queda ya poco de sensatez, de honoris causa, de cordura, del buen amor de Hita, de calma chicha, de lesa humanidad, en definitiva, de ese quijotismo ya encamado y regresado a la aldea en donde la cordura de ese universal manchego que es en el fondo el español universal de siempre. El españolito de a pie que lucha en su silla de ruedas ante su mal diagnosticada esclerosis múltiple.

Sucede que me canso de ser hombre al darme cuenta que todo lo humano y cabal que existe todavía en esta España todavía mantiene y paga en Versalles a estos mininos y niñoides que viven de esa Divina Comedia que se ha instalado en los medios de comunicación como un acto de profesionalidad absoluta y jerárquica y autoritaria y autócrata y supremacista, incluso caudillista de una España que vuelve con sus yugos y sus flechas, incluso con la División Azul de Serrano Suñer pero en vez de a Stalingrado ahora se dirige hacia la capitalidad de un Estado que ha dejado de serlo para regresar a esa burbuja Freixenet que es el politicismo de libérrimo liberalismo a ultranza, de unionismo y tuerto europeísmo que tiene sus voceros en estos politólogos contratados las 24 horas a los que yo, si me dejase el artículo uno de la Constitución Española, les daba así en la cerviz para que se callaran y no jodieran más la marrana. Que no por mucho marranear amanece y viva España.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    8078 | NADIE RELEVANTE (Por desgracia para mí) - 21/05/2018 @ 14:37:10 (GMT+1)
    Tiene Vd razón Sr. Emilio. Pero esto no es mas que la consecuencia de que la política en este país lleva años basandose mas en la herencia parlamentaria del "y tu mas" que en razonamientos económicos o políticos, de una timida democracia forjada bajo el temor a la noche de los cuchillos largos, una excesiva y acomodada perpetuación de este precepto y una cimentación soportada en cunetas intocables. El posicionamiento de los médios obliga a todos estár ahí para para al menos intentar contrarrestar fuerzas (y a los medios, también, aunque solo séa para vender una cierta imagen de imparcialidad). Como resultado todo diálogo resulta enmierdado y embarrado en tributo al "espectáculo de audiencias" y lógicamente de lo que menos se habla es de política ni de soluciones. Nos conducen al hartázgo del mamonéo ideológico (Que igual es el objetivo) e inconscientemente nos dan ganas de meterlos a todos en el mismo saco, tirar de la cadena y rezar por que no venga un atásco y menos aún un "fontanero salvainodoros". Creo que el problema de objetividad no lo tienen ellos, si no una masa cejijúnta que prefiere que le vendan las frutas ya peladas, el pollo, ya limpiado, la comida, ya cocinada y las idéas, ya pensadas. Después una litrona, una pizza, sofá, un partido de futbol.........y mañana será otro día.

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