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Bélgica

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Los europeos en general, y los españoles en particular, seguimos con preocupación el desarrollo de la crisis belga. Es verdad que en el enfrentamiento entre flamencos y walones se hace más visible la incompetencia de una clase política local que la voluntad del conjunto de la población. Pero, con todo, no es impensable que el desarrrollo de una dinámica perversa haga previsible una crisis capaz de afectar a la existencia misma del Estado. Ante el riesgo de una crisis de estas características, es de esperar que la actitud de las principales potencias de la U.E. y, particularmente, de Estados Unidos, sea distinta a la manifestada en el caso de la antigua Yugoslavia y, en concreto, en sus últimas derivaciones en los ejemplos de Montenegro y Kosovo. Bélgica es el corazón de la Europa occidental y lo que puede suceder allí habrá de tener unas consecuencias en Gran Bretaña, España y posiblemente Italia que no pueden derivarse de la vieja cuestión de los Balcanes. De modo y manera, que en el mantenimiento de Bélgica estamos comprometidos todos los europeos.
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